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lunes, 24 de octubre de 2016

AGUA

El monótono sonido del agua de lluvia que en estos días otoñales nos acompaña me lleva a pensar en:
Agua de lluvia
Agua viento
Agua nieve
Agua de mar
Agua de pozo
Agua torrencial
Agua mineral
Agua mineromedicinal
Agua brava
Agua en calma
Agua mansa
Agua muerta
Agua viva
Agua de vida
Agua fértil
Agua corriente
Agua termal
Agua artesiana
Agua salobre
Agua embotellada
Agua de litines
Agua de mesa
Agua carbónica
Agua tónica
Agua estancada
Agua pura
Agua limpia
Agua rosada
Agua turbia
Agua sucia
Agua cenagosa
Agua residual
Agua cristalina
Agua clara
Agua angélica
Agua pura
Agua depurada
Agua limpia
Agua bendita
Agua lustral
Agua oxigenada
Agua fuerte
Agua dura
Agua ligera
Agua pesada
Agua blanda
Agua destilada
Agua ionizada
Agua jabonosa
Agua alcalina
Agua acida
Agua regia
Agua sal
Agua tofana
Agua blanca
Agua vidriana
Agua helada
Agua fría
Agua caliente
Agua templada
Agua hirviendo
Agua dulce
Agua salada
Agua de mayo
Agua de azahar,
Agua de cebada,
Agua de limón
Agua de colonia
Agua de fuego
Agua del pantoque
Agua del timón

Y hasta aquí llega mi lista de ese líquido, el más abundante de la superficie terrestre, el que tienen mayoritariamente todos los seres vivos y que en su día aprendí como un líquido incoloro, inodoro e insípido. Ya en edad menos infantil aprendí que el símbolo químico del agua es: H2O

lunes, 11 de marzo de 2013

UN DIA DE LLUVIA



Es un día de los muchos del año, concretamente martes, cuando el despertador ha roto mi sueño notificándome el nuevo día a la vez que he percibido el suave ruido de la lluvia sobre los cristales de la ventana. Las pequeñas, pero constantes gotas de agua durante la noche, se han ido adhiriendo al cristal, resbalando por él, dejándolo con una suave transparencia y mojando el alfeizar.
Ha sido al levantarme y abrir la ventana cuando he pensado, constatado, vivido y sentido la maravillosa sensación de ver llover. Desde mi ventana he visto las flores del patio y los arboles de la calle con sus hojas, ramas y tallos humedecidos y he sentido ese olor característico de los días de lluvia. Las flores, han amanecido tapizadas de gotas de agua que durante la noche suavemente se han ido posando en los pétalos y cubriendo las corolas. He percibido olor a tierra mojada.
El cielo azul y las nubes blancas y esponjosas de otros amaneceres estaban escondidos tras un manto gris, como la ceniza, que mostraba alargadas rendijas que dejaban, por momentos, ver unas inapreciables exhalaciones de sol invernal.
Los gorriones, libres de jaulas, revolotean y saltan de rama en rama, de árbol a árbol, sacuden su plumaje para aliviarse el agua que soportan en sus plumas y parece que quieren formar parte de mis sensaciones matinales, de mis incipientes pensamientos del día mientras veo llover y constato este encuentro efímero con la naturaleza, con este fenómeno atmosférico, de tipo acuático con el que en los últimos días estamos viviendo casi a diario.  
Cierro la ventana y pienso en escribir lo que ha sido algo más que un simple amanecer, algo más que un simple ver llover, algo más un nuevo día de lluvia sobre los eriales y ejidos campos y sobre los campos donde empieza a brota el trigo.
Fuera, en la calle, se empieza a sentir el ruido, el susurro, la barbulla del pueblo que se despereza con la melodía que entonan las gotas de agua sobre el empedrado de las calles.
Y la solemne calma de estas divinas horas matutinas, se ve rota por el sonido metálico de un vehículo cuyas ruedas chapotean sobre los charcos de la calle lo que me hace volver a la realidad de que el día empieza, de que el pueblo se levanta, de que las farolas se apagan a pesar de que sigue lloviendo.