En este pueblo, donde antaño trajinaban carros, carretas y ganado, hoy, apenas dejan espacio libre los coches entre las septuagenarias casas de planta baja rodeadas de campos de laboreos propios de la campiña jerezana, siendo la remolacha y el algodón los productos básicos que impulsaron su nacimiento, en los procesos de colonización de los años cincuenta, como asentamiento de colonos provenientes de diversos lugares de dentro y fuera de la provincia de Cádiz. Colonos oriundos del propio Jerez, de la Sierra de Cádiz y algunos provenientes de Granada, expertos en cultivos de regadío dado que un hito histórico que marcará la futura creación de la pedanía será la construcción del pantano, que permite implantar sistemas de regadío de gravedad con canales trapezoidales y acequias abiertas.
La disposición de las calles en cuadriculas y exentas de recovecos, es una asimétrica simetría que en algunas genera corrientes de aire que en los atardeceres de verano andaluz crean un refrescante “microclima".
Sus fachadas encaladas, con zócalos y soportales de coloridos azulejos de estilo andaluz, esconden autenticas maravillas arquitectónicas. Casas de patios cubiertos de flores por cuyos muros saltan a las calles traseras de la casa.
En la fachada del pueblo que linda
paralela a la carretera hacia Nueva Jarilla se pueden percibir los vestigios de
un antiguo ferrocarril que durante algunos años transportaba remolacha hasta
una importante azucarera instalada en la en la pedanía arcense de Jédula y que
en los últimos años, está siendo reclamada por varios colectivos como vía
verde.
Eventos reseñables, todavía reúnen á
personajes emblemáticos del pueblo conocidos por todos, antiguos colonos,
viejos labriegos, ganaderos, cofrades y otros personajes con solera.
Siempre fue un pueblo hospitalario, de
costumbre, hábitos y tradiciones propias de la tierra que cantan saetas,
sevillanas o bulerías a un tiempo y donde aflora esporádicamente un baile
flamenco en los días de feria y en la víspera de la Nochebuena, la popular
“zambomba”, expresión genuina de la Navidad jerezana, en la cual, los
vecinos se congregan en patios, locales, calles, plazas o plazoletas donde
resuenan la ronca zambomba y el coro de improvisados tenores afinan y desafinan
los compases de coplas navideñas.
En los últimos años el crecimiento
urbanístico le augura el ser fagocitado de hecho por la urbe principal que
dista del pueblo unos cientos de metros y a la que se puede acceder por una
estrecha carretera que irrumpe con la antigua cañada real, hoy calle en
constante transformación.
Deseamos que la modernización no haga
perder el cordial saludo diario entre vecinos que en las horas tempranas del
día, como antaño, barren y riegan las puertas de la calle dando al lugar un
grato aspecto de limpieza y civismo.
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