lunes, 20 de febrero de 2017

DESPUÉS DE QUINCE MESES

Ya han pasado doce meses desde que escribía “Han pasado tres meses”. Ahora ya son quince los meses transcurridos, y en ellos se han ido sucediendo periódicamente el ir y venir a las visitas médicas, el seguir los tratamientos posterior a la intervención quirúrgica para extirpar el carcinoma de mama que portaba la mujer con quien comparto mi vida. Carcinoma que afloró sin señales previas, sin justificación aparente, sin síntomas relevantes, pero que trasformó o trastornó nuestro ritmo de vida habitual y nos abocó a visitas, tratamientos, consultas, que nos han causado y nos causan tanta tensión e incertidumbre, como entusiasmo y esperanza.
El tiempo ha ido transcurriendo y, a pesar de que la mejora y recuperación es notoria, nos inquieta su lentitud porque parece frenar una programación de vida. Lentitud que impide no vivir pendientes de la “próxima” prueba, de la "próxima" visita a la que acudimos con la incertidumbre propia, a la vez que resulta difícil no preocuparse por la reaparición de algún indeseable signo, molestia, anomalía propia de la enfermedad. Inquietud propia y muy común que a veces nos priva de pensar que el amor y la esperanza son las fuerzas básicas para seguir en esta lid día a día. 
Hoy, después de este tiempo, quiero volver a expresar que siento y vivo con confianza. Que mi esperanza no merma. Que prosigo mirando hacia el horizonte del futuro con ilusión. Que cada amanecer me permite  ver con claridad la luz del día. Que en el almendro, ya en flor, percibo la embrionaria primavera que suele producir una ligera pasión por la vida permitiéndonos salir para tomar el sol, respirar aire fresco, disfrutar de los campos, de paseos junto al mar y así reanimar el espíritu y tratar de desconectar de  las adversidades causadas por la prolongada y fatigosa recuperación.
A lo largo de todo este tiempo y en cada momento, he podido constatar la fuerza con la que ella se ha callado para evitar preocuparme. La fuerza, el coraje, la entereza con la que ella ha ido superando las pruebas médicas, las visitas, las demoras, las esperas, los tratamientos, las contrariedades, el día a día sin desfallecer, sin desvanecer, sin perder la sonrisa, la ilusión por la vida, por la recuperación y eso me ha dado, me da fuerzas, me hace sentirme esperanzado, optimista y saber enfrentarme con fuerza, con ilusión, con ganas, con temple, con coraje, todo lo que el momento nos depara.
Durante todo este tiempo transcurrido, a pesar de las adversidades, no he dejado de sentir el apoyo de los allegados. De percibir cada mañana como un regalo de la vida, y así deseo transmitírselo a ella, porque en su momento prometí ayudarle a amar la vida; a no soltar su mano, porque así, cogidos de la mano, caminamos o nos miramos y lo sabemos todo el uno del otro. No hace falta decirnos nada, sobran las palabras, y nos transmitimos la fuerza necesaria para afrontar el camino de cada día, sin dejar de poner esa pizca de sonsonete y sonrisa que facilita el digerir mejor las contrariedades haciendo brotar en sus ojos el brillo de la felicidad.
Pronto, llenos de esperanza, todo será pasado y cuando se pone el sol hoy aquí estamos.

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