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viernes, 22 de noviembre de 2019

Al año “EL CUÑAO”


Ya ha pasado un año y no, no nos hemos acostumbrado a vivir sin ti, pero vivimos acordándonos de ti. Me permito decir que el recuerdo de personas como tu, nunca se disipa ni lo eclipsan otros avatares de la vida.

Seguimos viendo vacío, tu sitio en la mesa, en el sofá, en cualquier rincón de la casa y por supuesto que ya en las redes sociales no podemos contactar contigo, pero quien sabe, tú quizás sigues mandándonos mensajes de esperanza, dándonos fuerza, animándonos y estando a nuestro lado, al lado de todos los tuyos como siempre lo has hecho. Tus cosas han quedado arrinconadas en un lugar de la casa pero todo lo tuyo, aún decimos que es tuyo y lo respetamos como siempre hemos hecho.

Gracias cuñao por habernos ayudado a pasar este año.  Ya hace un año que escribía: Tu partida, tu ausencia física nos deja un gran vacío, pero nos llena el corazón todo cuanto en vida nos has dado y enseñado. Hoy después de ese tiempo aun sigo reafirmándome en esas palabra y también te doy las gracias por las que no me has podido decir en mi recuperación del ictus y demás, yo sé que tú me habrías animado como siempre lo hiciste y ahora podríamos compartir esa alegría de constatar que estoy muy recuperado.

<hoy no quiero lamentarme por tu “perdida, solo quiero, expresar mi desazón, mi disgusto, mi pesadumbre, por no poder compartir contigo nada de lo que en este tiempo nos ha acontecido. Por no haberte podido ir a ver cuándo hemos estado en Cerdanyola, como hicimos otras veces.  Siento tu perdida y tu partida y lo mucho que los tuyos lo sienten a pesar de que hay veces que callan y no lo dicen pero les es imposible disimularlo, en cubrirlo, taparlo y lo mismo nos pasa a todos los que hemos convivido contigo. Pienso en Salomó y en Valderrobres y sigo pensando que quizás aparecerás por algún lugar de esos pueblos tan ligados a tu vida. 

Hoy, y ahora vuelvo a pensar igual que hace un año, que: Hay veces que en la vida vives momentos y situaciones que quisieras retener para siempre y otros que no desearías vivir, y hoy he tenido que vivir uno de esos momentos indeseables y no quiero ni debo dejar pasar mi recuerdo, memoria y evocación  a Antonio“el cuñao” La muerte de un ser querido nunca resulta indiferente y menos en este caso, cuando desde la distancia la siento muy cerca y con la imposibilidad de acercarme físicamente, la perdida de mi cuñao, como desde hace tiempo nos llamábamos. Él era una gran, excelente, sublime persona, trabajadora servicial y bondadosa con la que tantos momentos gratos y menos hemos compartido, porque él siempre estaba ahí para ayudar, para prestar su ayuda y su saber. A mi me sorprendió en más de una ocasión con su prontitud en la resolución acertada de circunstancias adversas.   Cuñao nunca te olvidaré y que sepas que quizás nunca te lo he dicho, te he admirado desde que te conocí en mi edad temprana en aquel pueblo donde fuimos vecinos. De ti podría hablar muchas cosas, pero lo que más recuerdo es tu gran cariño a los tuyos, tu desinteresada ayuda a todos y tantas y tantas cosas que hacen que en estos momentos no sepa detallar, pero que todos los que hemos estado a tu lado hemos vivido a lo largo de todos estos años en que te hemos tenido la dicha de tenerte cerca y constatar que te has ido con tus deberes como esposo, padre, amigo, familiar y compañero hechos. Y dejándonos a todos el Deber de ser como tú nos has enseñado cada día.
Cuñqao allí donde este un abrazo enorme y sincero lleno de todo lo mucho que te admiro, te quiero y te recuerdo. 


miércoles, 17 de mayo de 2017

YO TAMBIEN SALGO CON BICICLETA

Desde que era niño me ha gustado ir en bicicleta, quizás porque veía a mi padre (q.e.p.d.) que allá por los años 50 iba a trabajar cada día en su bicicleta, de la cual ya no recuerdo la marca y con la que él me enseñó. En aquel pueblo, Salomó, di mis primeros paseos por caminos y carreteras circundantes. Después llegó la época del internado y solo en vacaciones podía hacer paseos en bicicleta. En Barcelona, arto de los viajes en metro para ir a trabajar, a mediados de los ochenta, opté por cargar mi maletín en el porta paquetes e ir a trabajar en bicicleta. Por aquel entonces casi nadie utilizaba ese método de transporte, pero he de reconocer que me resultaba rápido y económico, a pesar del riesgo que suponía circular cuando aún no había carril bici ni nada parecido. Durante las vacaciones solía salir con mis hijos a disfrutar de su compañía y del ejercicio del pedaleo.  En el año 99 me entrené para hacer el Camino de Santiago, recorrido que llevé a término desde Roncesvalles a Santiago de Compostela, el mes de agosto de ese año y que reforzó mi afición por la bicicleta.
 A partir del año 2013 me habitué a salir diariamente siempre que me era posible, y hasta el día de hoy lo sigo haciendo con una media de unos cuarenta a cincuenta km. diarios. A grandes rasgos esta es mi historia y mi afición por la bicicleta, sin prestar excesiva atención al riesgo que supone la práctica de esta actividad que me permite distraerme y mantenerme bien físicamente, sin obviar el peligro que representa.
A raíz de los últimos accidentes con los fallecimiento de ciclistas o atropellos, causados por conductores insensatos, han truncado la vida o los ha dejado mal heridos en las cunetas, deseo apelar al sentimiento de respeto a los ciclistas y conductores en general, para que no prolifere la insensatez y se cumplan las más elementales normas de tráfico y de seguridad.
Como consecuencia de los siniestros en los que se han visto implicados ciclistas, una madre ha escrito esta carta que transcribo: 

Hola, no te conozco, perdona que pida tu atención, no me extenderé mucho.
Tcolegio, después, en esta ajetreada vida que llevamos, quizá le lleves a un entrenamiento o a una actividad extraescolar. Tu hija, tu hijo, quizá nietos, sobrinos, hacen taekwondo, hockey, ajedrez, fútbol, inglés, pintura, música, quizá quieren ser como Carolina Marín, como los hermanos Gasol o quieren ser cantantes o cocineros.
Mi hijo quiere ser ciclista, estudia por la mañana en el Instituto y por la tarde coge su bicicleta y en los bolsillos del maille quería comentar que mi hijo quiere ser ciclista. Posiblemente dentro de un rato cogerás tu coche e irás a buscar a tus hijos al ot echa un gel, una barrita y todos sus sueños e ilusiones. Enciende su luz trasera para que le veas y le insisto en que respete las normas de circulación y sea prudente. Te aseguro que durante las dos o tres horas que está fuera, en la carretera, sé que se juega la vida y solo me relajo cuando vuelve a casa.
Conozco a muchos chicos como él, sus compañeros de equipo y de pelotón, todos tienen el mismo sueño y se sacrifican mucho por conseguirlo, arriesgan en las carreras, se caen y se hacen heridas, se levantan, sangran y sudan. Quieren ser ciclistas.
Yo quiero que tu hijo, tu hija sea lo que le hace feliz, quiero que se cumplan los sueños por los que se esfuerza pero, por favor, deja que mi hijo sea ciclista, no le mates en la carretera, respétale.
Te doy las gracias por escucharme, padre, madre conductora.

Unos segundos de espera pueden ser muchas horas o años de vida.