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lunes, 29 de julio de 2013

MAMÁ, TU RECUERDO VIVE EN MI



Hoy vuelvo a sentarme delante del ordenador con el corazón un poco más encogido que en otros días y los ojos menos enrojecidos por las lágrimas derramadas durante estos días, hace ya tres años.
Mis ojos hoy no se han empañado de lagrimas como en aquellos días pero siento vivo el recuerdo de la persona que más que más me ha querido en esta vida y que un día, cumpliendo con las leyes de la vida, se marchó para siempre, si bien es verdad que quienes permanecen en nuestro recuerdo no mueren nunca, solo, siguen caminando por la otra parte del camino y lo que siempre ha sido para mí lo seguirá siendo y cuando pronuncio su nombre lo hago como siempre lo he hecho, con orgullo, con respeto, sin énfasis y sin angustia a la vez que siento el vacio que su ausencia me causa.
A ella le debo, por muchas razones, todo cuanto soy y cuanto tengo, mi manera de ser y, sobre todo, la manera de vivir aprovechando el momento y sabiendo disfrutar los pequeños placeres del día a día y me siento estremecer al recordarla, al evocarla, al nombrarla, al añorarla en tantos y tantos momentos de la vida.
Con tu recuerdo renacen  en mí tus abrazos, tus besos, tus cosas, tus gustos, tus consejos, tus risas, tus reprimendas, tus observaciones, tus consejos, de lo que amabas, de lo que decías, hacías y sentías. Aún me parece percibir el eco de tu voz e incluso ese olor a ti que poco a poco se extingue, el olor de tu casa y tu cocina y sobre todo esa generosidad y agradecimiento que inculcabas, infundías, transmitías y vivías en tus quehaceres cotidianos.
Con tu recuerdo se llena mi alma de gozo por todo cuanto me enseñaste, me diste, me hablaste durante tus años de vida y que sigo sintiendo en cada instante.
Por tu amor incondicional, por tus besos de agradecimiento y cariño, por tus manos de apoyo y de guía, por tu abrazo protector, por todo cuanto me distes en cada instante, elevo una oración al cielo. Oración de gratitud, de amor, de perenne recuerdo. Mamá, hoy soy feliz, tu recuerdo vive en mí.

miércoles, 14 de marzo de 2012

ADIÓS ÁNGEL

Una vez repuesto de la noticia que me decía, desde el otro lado del teléfono, con la voz entrecortada y conteniendo los sollozos “El padre de Gema ha muerto”, me permito describir esa sensación de vacío de tristeza, de impotencia, de frustración que siento y me deja el saber y compartir el dolor y la pena por la muerte de un padre.
Consciente de mi ausencia física junto a los suyos en esos amargos momentos, quiero manifestar mi continuo pensamiento en ellos, en especial, en estos momentos en que también a mí se me han frustrado los deseos de poder compartir charlas y vivencias con quien considero que era una gran persona.  
Ante esta situación, nuevamente intento lo nada fácil, ponerme en el lugar del otro. Nuevamente pasan por mi mente los momentos en que he vivido la pérdida de un ser querido. Nuevamente percibo ese dolor en el pecho, ese ahogo al intentar prorrumpir las palabras. Nuevamente imagino los enrojecidos ojos por las lágrimas vertidas, por el dolor, la carencia, la frustración, la desazón, el vacío. Nuevamente pienso en el irracional o incluso racional deseo de volver el tiempo atrás. Nuevamente cavilo sobre ese sinfín de fotogramas de la vida que junto al ser querido uno ha compartido y los que en un futuro próximo o distante habían imaginado.  
El marido, el padre, el amigo, el compañero, el vecino, que últimamente se sentía con salud debilitada pero con muchas ganas de vivir, nos ha dejado manteniendo su lugar en la casa, en el paseo de cada día, en sus libros, en sus cosas de cada día, en su facebook donde figuran quienes para él eran tan significativos y unos versos que me permito transcribir.
Desde la pena y el dolor exhorto a levantar los ojos y constatar que hoy volverá a salir el sol sobre la tierra árida y seca, sobre esa tierra que hoy le acoge y da cobijo.
Adiós Ángel, hasta que el Dios, en el que creo, nos ofrezca la ocasión de  encontrarnos en su presencia.  

Cuánto horror hay de camino,
qué soledad a la vuelta,
vino el destino y marchaste
a una vida verdadera