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lunes, 8 de diciembre de 2014

EL OCHO DE DICIEMBRE


El día de hoy ocho de diciembre, era un día particular, un día que me gustaba, era un día señalado en rojo en todos los almanaques, día de fiesta, España inicialmente se celebraba el Día de la Madre y en mi casa, en mi familia, esa fiesta era un tanto particular, peculiar, especial, por coincidir con el cumpleaños de mi madre.
En los tiempos de mi niñez, recuerdo vagamente como celebrábamos aquel día de fiesta en aquella aislada, inhóspita, estación de Piñar, cuyos alrededores formaron parte de mis juegos infantiles, de mi conocimiento del campo, de mi afición a los trenes y de tantos y tantos recuerdos que me vinculan y evocan al recuerdo de mi padre.
El día del cumpleaños de mi madre siempre ha sido un día de reunión familiar. Recuerdo de forma particular cuando vivíamos en Piñar (Granada). Por aquel entonces, degustábamos las rosquillas, los polvorones, el arroz con leche, los flanes que con los escasos recursos  que por aquel entonces se disponían, mi madre y mi padre elaboraban con diligencia y dejándonos participar como si de un juego se tratara. La casa se llenaba de vecinos y entre brindis, risas, carcajeos, cantos y bailes pasábamos las horas de la tarde noche.
En otras fechas, las que permanecí en el internado, el día lo pasaba inmerso en el recuerdo de años pasados y añorando el no poder vivir en familia lo que en otros tiempos había vivido.
Con el tiempo, y siguiendo, como si de una tradición se tratara, esa fecha era cita obligada a la comida en casa de mi madre donde nos reuníamos, hijos, yernos, nueras, nietos, sobrinos y donde no faltaba la comida que tenia aquel sabor y olor a manos de madre. Madre que alzaba su voz para programar las cercanas fiestas de la Navidad.
Ahora, hoy, sólo me quedan recuerdos entrañables, el recuerdo de lo vivido, un recuerdo con sabor a nostalgia pero lleno de anécdotas felices que figuran en las fotos familiares y en un lugar recóndito de mi memoria donde perdura todo aquello que es tan especial en mi vida

lunes, 29 de julio de 2013

MAMÁ, TU RECUERDO VIVE EN MI



Hoy vuelvo a sentarme delante del ordenador con el corazón un poco más encogido que en otros días y los ojos menos enrojecidos por las lágrimas derramadas durante estos días, hace ya tres años.
Mis ojos hoy no se han empañado de lagrimas como en aquellos días pero siento vivo el recuerdo de la persona que más que más me ha querido en esta vida y que un día, cumpliendo con las leyes de la vida, se marchó para siempre, si bien es verdad que quienes permanecen en nuestro recuerdo no mueren nunca, solo, siguen caminando por la otra parte del camino y lo que siempre ha sido para mí lo seguirá siendo y cuando pronuncio su nombre lo hago como siempre lo he hecho, con orgullo, con respeto, sin énfasis y sin angustia a la vez que siento el vacio que su ausencia me causa.
A ella le debo, por muchas razones, todo cuanto soy y cuanto tengo, mi manera de ser y, sobre todo, la manera de vivir aprovechando el momento y sabiendo disfrutar los pequeños placeres del día a día y me siento estremecer al recordarla, al evocarla, al nombrarla, al añorarla en tantos y tantos momentos de la vida.
Con tu recuerdo renacen  en mí tus abrazos, tus besos, tus cosas, tus gustos, tus consejos, tus risas, tus reprimendas, tus observaciones, tus consejos, de lo que amabas, de lo que decías, hacías y sentías. Aún me parece percibir el eco de tu voz e incluso ese olor a ti que poco a poco se extingue, el olor de tu casa y tu cocina y sobre todo esa generosidad y agradecimiento que inculcabas, infundías, transmitías y vivías en tus quehaceres cotidianos.
Con tu recuerdo se llena mi alma de gozo por todo cuanto me enseñaste, me diste, me hablaste durante tus años de vida y que sigo sintiendo en cada instante.
Por tu amor incondicional, por tus besos de agradecimiento y cariño, por tus manos de apoyo y de guía, por tu abrazo protector, por todo cuanto me distes en cada instante, elevo una oración al cielo. Oración de gratitud, de amor, de perenne recuerdo. Mamá, hoy soy feliz, tu recuerdo vive en mí.